Duki en el Luna Park

Un fenómeno que sigue creciendo

El trap conquistó el Luna Park

El joven referente del género convocó a una multitud en el mítico estadio porteño.

[Publicada en el Diario Clarín el 6/10/18]

Tan solo hace un año, el trap era una actividad emergente. Creciendo a gran velocidad, iba conquistando espacios pero muy lejos de los escenarios principales del país. Nadie hubiese imaginado, hace más de doce meses, que un viernes de octubre el Luna Park estuviese agotado para ver a Duki.

Los adolescentes, y sus padres acompañantes, colmaron la capacidad del estadio. Y en comunidad festejaron el hito sin intimidarse por su grandeza. “Esto es emblemático para el género. Argentina no estaba en el mapa y logramos posicionarla. Es una oportunidad para miles de pibes. Esto es por amor, la plata no vale acá”, explicó emocionado Mauro Ezequiel Lombardo, el veinteañero detrás del fenómeno que rompió las fronteras como el mayor exponente del trap argentino.

Y su emoción fue contagiosa. Los ojos de admiración para los nuevos estereotipos de ídolos deslumbraban en los chicos y chicas presentes el viernes pasado a la noche en el Luna Park. Antes de comenzar, ya estaba iluminado en el medio de la oscuridad por los cientos de flashes de los celulares.

"Esto es por amor, la plata no vale acá", dijo Duki. (Foto: Constanza Niscovolos)
“Esto es por amor, la plata no vale acá”, dijo Duki. (Foto: Constanza Niscovolos)

Para cumplir con los códigos centennials, el exitoso youtuber empezó su presentación con un video en las tres pantallas verticales que ocupaban un 70% del escenario.

El corto audiovisual relataba su camino a la fama, desde el icónico concurso del género “El quinto escalón” hasta las millones de reproducciones de sus temas en las redes sociales. No es casualidad que Rockstar haya sido la canción elegida para comenzar un recital que marcó un antes y un después en la popularidad de este estilo de música.

Ser trapero o youtuber es la nueva profesión soñada de los miles de adolescentes que colmaron las gradas. Lombardo, con su fanatismo por el animé y los videojuegos, es un referente de la generación que escucha en sus letras sus vivencias sexuales, con las drogas, la delincuencia y sus andanzas amorosas.

El fenómeno del trap, que deriva del rap y surgió originalmente en Estados Unidos durante los ‘90, se impuso hace pocos años en el país en las peleas de gallos y competencias barriales. Las plazas, como escenario predilecto, eran el lugar para mostrar qué podían rapear con el auto-tune como soporte, ese sistema tan criticado por Charly García en los Premios Gardel 2018.

En banda y con hermanos. Duki subió la apuesta, y sumó músicos a la pista, más algunas voces. (Foto: Constanza Niscovolos)
En banda y con hermanos. Duki subió la apuesta, y sumó músicos a la pista, más algunas voces. (Foto: Constanza Niscovolos)

Sin embargo, la coronación del género en el Luna Park tuvo un plus. No se trató de una simple pista para sostener sus rimas, sino que Duki apostó a un sonido en vivo. “Un aplauso enorme para mi banda. Lo mío es subir de nivel, e hicieron lo posible para hacer trap en vivo”, anunció festejando al baterista, el tecladista y el guitarrista que lo acompañaron junto al DJ.

Sin embargo el tipo de sonido en semejante espacio hacía difícil entender las letras que rapeaba entre tanto ruido.

Vale aclarar -para los que desconocen el género- que acá no se baila. Si bien el boom popular se podría comparar a la explosión instantánea del reguetón a principios de los 2000, la misma cantidad de gente que hoy sigue a los traperos no mueve la cadera ni la cintura. Esto explica que las ubicaciones hayan sido todas sentadas a pesar de que los asistentes tienen en edad promedio unos 15 años. Eso no quita que la comunidad hermanada no tenga códigos que comparten. La famosa frase teen “SKERE” y los “cuernitos”, como nombran a la seña de manos, muestran que son parte de un mismo movimiento.

¿El uniforme? Remeras con una estampa de un murciélago violeta, el logo de Duki, ese mismo que tiene tatuado bajo el ojo derecho. La fraternidad logró que el inmenso estadio pareciese un espacio más chico y acogedor para, por ejemplo, cantarle el feliz cumpleaños a Neo Pistea, uno de los acompañantes que trapeó en escena con el protagonista durante la noche. CRO fue el otro “hermano” con el que vienen transitando el camino a la fama. Los tres impulsaron el primer tramo del show que tuvo su pico de gritos en Hello Cotto, el boom con más de 50 millones de reproducciones en YouTube.

¡Que sea trap! Los cuernitos como un código de identificación. ¿Signo de los (nuevos) tiempos? (Foto: Constanza Niscovolos)
¡Que sea trap! Los cuernitos como un código de identificación. ¿Signo de los (nuevos) tiempos? (Foto: Constanza Niscovolos)

De repente y sin aviso, la emoción pasó a ser alaridos de miedo cuando las pantallas y el sonido se apagaron. El mensaje azul de una computadora Windows que se reinició pasó a retratar la escenografía visual y Duki frenó su show. “¿Qué pasa loco?” Miedo. “¿Se cortó la luz?”, preguntaban con angustia las preadolescentes. Un video (¿qué formato si no?) explicó todo. En una nueva ficción audiovisual, Mauro se retiró a camarines y un pequeño lograba convencerlo para volver a cantar. Toda la puesta en escena habilitó la aparición de Luchito, un trapero de 16 años coreado por el estadio entero. Con su voz aniñada y una presencia apabullante, es el exponente de trap que más ternura y cariño provocó en el público en la noche de coronación.

Lo histórico chocó con lo moderno durante la hora y media de show. “Esta noche los golpes tienen mucho flow”, anunció un presentador de traje, con el mismo estilo que en los años de gloria del boxeo en ese exacto lugar. Pero ahora la representación fue un exponente de otro tipo de entretenimiento. Vestido de boxeador, con los guantes puestos y la bata violeta Duki encaró el ring para cerrar la noche con sus golpes más fuertes: una trilogía de hits. Loca, junto a la trapera Cazzu como invitada especial, No vendo trap y She Don’t Give a Fo, fueron los elegidos para explotar la emoción hormonal hasta su pico máximo.

En una noche distinta, de estreno de espacio y locura adolescente, el trap logró llegar hasta las esferas de los adultos para validar un fenómeno multitudinariamente joven. Ya no es emergente, ya no es una moda. El trap conquistó el Luna Park.

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