Jamiroquai

¡A bailar que se acaba el mundo!

De regreso en Buenos Aires en el marco de presentación de su álbum “Automaton”, la banda británica dio una lección de funk, dance y acid jazz.

[Publicado en Clarín, 15/12/2017]

A los pies del escenario, un tocado de plumas indígenas sobrevoló las cabezas de los adultos, en el campo. Un fanático quiso hacerle honor al tradicional vestuario de Jay Kay. Pero arriba del tablado, la imagen era distinta. La tecnología se apoderó de la cabeza del cantante, que lucía un sombrero con aspecto robótico del que emanaba luces mientras se movía al compás de la música.

El casco, diseñado por el londinense Moritz Waldemeyer, es una estructura de escamas puntiagudas que se mueven individualmente. Y con él, el cacique indígena evolucionó a un líder futurista de Jamiroquai en el mismísimo Hipódromo de Palermo. Y así ataviado, en la noche del jueves, el grupo británico cautivó al público desde un primer momento.

“Buenas noches Buenos Aires, que lindo es estar de vuelta”, disparó el cantante, ante la fascinación de la gente, a la que de ningún modo se le hubiera ocurrido reclamar asientos o algo parecido que restringiera la libertad de movimiento. Todo estaba listo para mover las piernas al ritmo de la banda. Parejas, padres e hijos adolescentes y muchos grupos de amigos con algo más de 30 sobre sus espaldas disfrutaron de una noche llena de sonrisas, alegría y cordialidad.

Jamiroquai en el Hipódromo de Palermo: ¡A bailar que se acaba el mundo!
El funk de las buenas ondas. “QUé lindo es estar de vuelta”, disparó Jay Kay apenas comenzado el show. Y todo fue fiesta. (Foto : Ricardo Gonzalez)

A 20 años de su primera presentación en nuestro país, en el Estadio Ferro, y con 25 de carrera, Jay Kay comandó un viaje a través de la trayectoria de Jamiroquai, durante el cual sonaron temas de los ocho discos de estudio que editó la banda desde 1993.

La música transportó al público hacia los noventa con The KidsAlright y Emergency on Planet Earth. Una trilogía representativa del funk inicial que rompió los moldes e impulsó a los británicos como innovadores del acid jazz. Infaltables, para testimoniar aquella movida, fueron Cosmic Girl y Space Cowboy.

Pero no solo de acid jazz vivió el grupo. Al final del siglo pasado, editaron Synkronized (1999), que en el hipódromo palermitano fue representado con el sonido disco de Canned Heat, y se introdujeron en el nuevo milenio con una odisea funky al tono de Love Foolosophy. Con ese espíritu renovador, también transitaron el recital con el que regresaron a la reina del plata, que además de historia tuvo mucho presente.

Jamiroquai en el Hipódromo de Palermo: ¡A bailar que se acaba el mundo!
Pasado y presente. La banda británica repasó su exitosa historia, pero le dedicó un generoso espacio a su presente musical. (Foto : Ricardo Gonzalez)

La gira que los trajo de vuelta al país tuvo como marco la gira de presentación de Automaton, trabajo que lanzaron en marzo de este año tras siete años de silencio discográfico. El grupo publicó primero el single homónimo con una marcada influencia de electrofunk, que en la noche de jueves tuvo una versión coreada por sus fanáticos locales. Antes, Shake It On había encendido la mecha, que se alimentó también del estreno de Cloud 9 Superfresh en esta parte del mundo.

La escala porteña tuvo sus antecedentes en Europa, donde el cantante tuvo que suspender algunos shows en Alemania por problemas en la voz, y en Inglaterra por una operación de columna. Ahora, seguirá camino por Latinoamérica, con shows en Santiago de Chile y San Pablo. Y nuestros vecinos pueden quedarse tranquilos: la recuperación de Jay Kay, de 47 años, es visible. Y lo dejó en evidencia cuando los liberó en la segunda mitad del show, para lucirlos en Travelling Without Moving. La respuesta fue una grata ovación.

Jamiroquai en el Hipódromo de Palermo: ¡A bailar que se acaba el mundo!
La batalla del movimiento. Después de su pelea contra algunos inconvenientes en su columna, Jay Kay se mostró recuperado y en buena forma. (Foto : Ricardo Gonzalez)

Durante las dos horas de recital, no faltó un fragmento dedicado a la concientización sobre la situación climática del planeta. Durante Automaton, las pantallas, que cubrían de techo a piso el fondo del escenario, mostraron datos sobre la polución que producimos, el gas que gastamos en el mundo y cuánto nos queda por consumir. Una advertencia que no alteró para nada las ganas de pasarla bien de la multitud, que había tenido su previa, un buen rato antes, con el beat de Maxi Trusso.

“Necesito contarles que son uno de las mejores audiencias del mundo. Cada vez que vengo que sorprendo más”, confesó el cantante. Y casi a modo de saludo final, los dos bises pusieron al descubierto una vez más las habilidades de los músicos del grupo. En Supersonic, el bajo de Paul Turner, la guitarra de Rob Harris y la batería de Derrick McKenzie se lucieron en gran medida. No menos que en Virtual Insanity, la elegida para coronar una noche de funk, sonrisas y mucho swing en la ciudad de la furia.

“Que pasen una muy linda navidad, estuvieron increíble”. Y que sea dance.

 

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